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La trampa Mamdani: Trump puede estar perdiendo la elección que los demócratas todavía no han ganado / Por Jorge García

Donald Trump atraviesa uno de los peores momentos de sus mandatos, dos de cada tres estadounidenses desaprueban su gestión. Al mismo tiempo, los demócratas aventajan a los republicanos en el voto genérico para el Congreso. (CBS News)

La mesa parece servida para los demócratas. Pero del plato a la boca se cae la sopa, y a ellos se les puede derramar mucho antes de llegar a la boca si confunden el fenómeno Mamdani con una fórmula electoral nacional.

Zohran Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York en 2025 con una campaña que conectó problemas muy concretos, vivienda, costo de vida, transporte y servicios públicos, con un electorado predominantemente joven, progresista y urbano, formado en buena medida por inquilinos y personas especialmente afectadas por el alto costo de vivir en esa ciudad.

Mamdani estudió y entendió las necesidades del electorado y se comprometió a construir 200 mil viviendas asequibles, ofrecer transporte gratuito, congelar las rentas, crear guarderías gratuitas y establecer tiendas de supermercado administradas por la ciudad para mantener bajos los precios de los alimentos esenciales. El resultado: tres de cada cuatro votantes menores de 30 años votaron por Mamdani y, en los barrios donde predominan los inquilinos, obtuvo una ventaja de 12 puntos sobre Andrew Cuomo.

Zohran Mamdani

No es un detalle menor. Mamdani no ganó simplemente porque los neoyorquinos se hubieran vuelto socialistas. Ganó porque construyó una oferta electoral alrededor de problemas y preocupaciones muy concretas, con propuestas políticamente atractivas para movilizar a ese electorado, aunque su sostenibilidad fiscal y económica en el mediano y largo plazo resulte mucho más cuestionable.

Pero Nueva York no es Estados Unidos y los datos nacionales ofrecen una advertencia: 55% de los estadounidenses dice que no consideraría votar por un candidato socialista democrático para presidente. Entre los independientes, el rechazo llega a 54%. En cambio, tres de cada cuatro demócratas estarían abiertos a apoyarlo. El peligro para los demócratas es pensar que para repetir el éxito electoral en Nueva York necesitan candidatos cada vez más identificados con la izquierda o corrientes progresistas.

Una elección no la gana quien más moviliza a los suyos, sino quien logra conectar con los problemas y preocupaciones de la población en general. La etiqueta ideológica puede incluso restar más de lo que suma cuando activa percepciones negativas en sectores decisivos.

Un candidato debe entender cómo distintos grupos interpretan sus problemas, qué esperan de quien pretende gobernarlos y ofrecer soluciones relevantes; debe saber comunicarlas, generar empatía y construir confianza. Pero si en algún momento el electorado percibe que la llegada al poder del candidato amenaza su seguridad, su patrimonio, su forma de vida o sus valores, el miedo puede terminar imponiéndose sobre todo lo demás, así como en México se dice que dinero mata carita, miedo mata dinero, carita y todo lo demás.

En política, no siempre gana quien más entusiasma. A veces gana quien menos miedo provoca. Y, especialmente en el sistema bipartidista de Estados Unidos, con frecuencia la gente no vota por el mejor, sino por el menos peor, si se puede decir así.

Bajo este contexto, Mamdani ganó porque entendió algo fundamental, no necesitaba hablarle permanentemente a Nueva York de socialismo. Necesitaba hablarle de lo que le dolía a Nueva York. Ese es precisamente el punto que los demócratas pierden de vista y Florida acaba de ofrecer una prueba.

Angie Nixon, integrante de Democratic Socialists of America, ganó las primarias demócratas para el Senado en Florida con 56% de los votos, derrotando que parecía más competitivo y además estaba mucho mejor financiado Alex Vindman. Su victoria confirma que el ala progresista puede movilizar con fuerza a los votantes demócratas. (Reuters)

Pero la misma elección mostró la otra cara de la moneda. David Jolly, candidato demócrata a gobernador, declaró después de la primaria: “Rechazo el socialismo. Soy capitalista.” Y no es un detalle menor. Florida es un estado que se ha desplazado hacia la derecha y, al distanciarse del socialismo, Jolly aumenta sus posibilidades de ganar la elección general. En el mismo estado, una corriente del Partido Demócrata abraza el perfil de Mamdani, mientras otra se distancia abiertamente de él.

David Jolly

Para un joven progresista de Nueva York, socialismo puede significar vivienda accesible, transporte o servicios públicos. Para un elector latino de Florida con vínculos familiares con Cuba, Venezuela o Nicaragua, la misma palabra puede activar recuerdos de autoritarismo, pérdida de patrimonio o falta de libertad. El crecimiento del registro republicano frente al demócrata en Florida sugiere que esa diferencia de percepción no puede ser ignorada, cuando una etiqueta política activa miedo en lugar de esperanza, puede terminar alejando al elector que el candidato necesita convencer.

La comunicación política no consiste sólo en diseñar lo que el candidato dice, sino en entender lo que sus palabras significan para quien las escucha. Andrés Manuel López Obrador lo entendió desde el inicio de su campaña presidencial en 2018 que antes de presentar sus propuestas, necesitaba construir el marco desde el cual serían interpretadas. Si hubiera comenzado simplemente diciendo “por el bien de todos, primero los pobres”, una parte de las clases media y alta podría haberlo interpretado como una amenaza a su patrimonio, sus ingresos o sus impuestos y en México sin el apoyo de la clase media las posibilidades de ganar una elección se ven seriamente mermadas. Por lo que construyó primero un marco moral y ético que asociaba su proyecto con valores como la honestidad, la austeridad y la solidaridad, y presentó los apoyos económicos a los sectores más desfavorecidos como actos de solidaridad y justicia social, así logro que hablar mal de sus políticas económicas fuera mal visto socialmente.

Trump puede estar perdiendo la elección que los demócratas todavía no han ganado. Su desgaste es evidente. La economía está entre las principales preocupaciones de los estadounidenses y los demócratas tienen ventaja en el voto genérico nacional, pero una elección no se gana únicamente porque el adversario sea impopular. Se gana cuando el elector encuentra una alternativa que considera mejor.

Los demócratas pueden construir una candidatura que entusiasme a sus militantes, consiga grandes concentraciones de simpatizantes, o pueden construir una candidatura capaz de convencer a los independientes, a los moderados y a los electores que no se sienten representados por ninguno de los dos extremos.

Kamala Harris perdió frente a Trump las elecciones presidenciales por diversas causas; sería simplista atribuir la derrota a una sola variable. Pero la lección comunicacional permanece: su énfasis en debates culturales, de género y sobre minorías pudo movilizar a la base demócrata más dura, pero también alejó a moderados, independientes y sectores de la clase trabajadora más preocupados por la economía y el costo de vida, ya que el enfoque de la candidata fue percibido como una desconexión de los problemas cotidianos, lo que facilitó que la oposición la etiquetara como una agenda radical o woke.

Kamala Harris

Los demócratas tienen ahora una oportunidad extraordinaria. Trump está desgastado y los republicanos enfrentan un escenario complicado rumbo a las elecciones intermedias, pero el fenómeno Mamdani puede convertirse en una trampa si lo interpretan como un mandato nacional para radicalizar su discurso.

Que Donald Trump pueda estar perdiendo la próxima elección no significa que los demócratas la estén ganando. El mayor peligro para los demócratas es equivocarse al interpretar por qué y si convierten el fenómeno Mamdani en una receta nacional, podrían terminar haciendo algo que hoy parece difícil de imaginar:

Perder una elección que Trump les está poniendo en bandeja de plata.

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