- Personas con sueño restringido consumen hasta 50% más calorías en snacks dulces y salados
En México, el 45 por ciento de la población adulta tiene mala calidad del sueño, según datos de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que significa un porcentaje superior al promedio global estimado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 40 por ciento.
La privación del sueño activa mecanismos hormonales y emocionales que dirigen el apetito de manera directa hacia productos dulces, salados y de alta densidad calórica, como los ultraprocesados.
Además, no dormir lo suficiente podría representar un nuevo factor de riesgo para el aumento de peso, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, afirma un artículo de la revista que edita la American Physiological Society, consultado por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO).

Por su parte, un estudio difundido por la revista científica Nature Communications, en el que participaron 23 personas sanas, documentó que una sola noche de sueño insuficiente reduce significativamente la actividad en la corteza frontal —la región encargada de evaluar y moderar las decisiones alimentarias— y puede activar simultáneamente la amígdala, vinculada al impulso y la recompensa inmediata, lo que produce un deseo de consumir 600 calorías adicionales aproximadamente, en particular de alimentos con más contenido calórico.
Asimismo, el estrés, la ansiedad y ciertos padecimientos médicos son causas comunes de insomnio, lo que repercute sustancialmente en la cantidad y calidad del sueño de una persona.
Del mismo modo, los alimentos pesados o fritos, ricos en grasas y difíciles de digerir pueden contribuir a los problemas de sueño, toda vez que estas comidas requieren más tiempo para ser procesadas por el sistema digestivo, lo que dificulta la relajación y el descanso necesarios para un sueño reparador.
Dormir solo 4 horas 2 noches seguidas puede elevar la grelina —la hormona del hambre— en un 28 por ciento y reducir la leptina —la hormona de la saciedad— en un 18 por ciento, de acuerdo a información del International Journal of Endocrinology.
El sueño es tan importante para una buena salud, que médicos generales y somnólogos recomiendan dormir entre 7 y 9 horas al día en el caso de los adultos; reconocer al cansancio como un detonador de antojos; no consumir cafeína al menos dos horas antes de ir a la cama y evitar el uso de pantallas para facilitar un descanso profundo.